Un sistema de canaletas bien mantenido recoge el agua de lluvia, la conduce hasta las bajantes y evita que termine sobre la fachada, los aleros o la base de la vivienda. Cuando funciona correctamente, el agua circula con continuidad, sin desbordamientos ni estancamientos, incluso durante episodios de lluvia intensa.
En la ferretería es habitual encontrar instalaciones con problemas que podrían haberse evitado con una revisión periódica. Las incidencias más frecuentes son la acumulación de hojas y suciedad, las fugas en las uniones y una pendiente insuficiente que provoca encharcamientos dentro de la propia canaleta. También son comunes los soportes deteriorados, las bajantes parcialmente obturadas y las juntas envejecidas por la exposición al sol y a los cambios de temperatura.
Una inspección sencilla, realizada en el momento adecuado, ayuda a prolongar la vida útil del sistema y reduce el riesgo de humedades, filtraciones y reparaciones de mayor coste.
No es necesario esperar a que aparezca una fuga para comprobar el estado de la instalación. Lo recomendable es realizar una revisión completa al menos dos veces al año.
Los mejores momentos suelen ser el final del otoño, cuando ya ha caído la mayor parte de las hojas, y el comienzo de la primavera, antes de la temporada de lluvias en muchas zonas. En viviendas rodeadas de árboles de hoja caduca puede ser necesario aumentar la frecuencia de limpieza.
También conviene inspeccionar las canaletas después de episodios de viento fuerte, tormentas con gran cantidad de hojas, granizo o lluvias especialmente intensas. Estos fenómenos pueden desplazar soportes, introducir ramas o producir pequeñas deformaciones que, con el tiempo, acaban provocando fugas.
Aunque muchas veces se habla únicamente de la canaleta, el conjunto está formado por varios componentes que deben trabajar correctamente.
Los principales son:
- Canaletas horizontales.
- Soportes o abrazaderas de fijación.
- Uniones entre tramos.
- Tapas terminales.
- Codos y piezas de conexión.
- Embudos de salida.
- Bajantes.
- Abrazaderas de fijación de la bajante.
El fallo de cualquiera de estas piezas puede afectar al funcionamiento del conjunto. Una junta deteriorada o un soporte desplazado pueden ser suficientes para provocar pérdidas de agua durante una lluvia intensa.
El comportamiento del sistema depende en buena medida del material con el que está fabricado.
Es uno de los materiales más utilizados en viviendas unifamiliares por su bajo mantenimiento y resistencia a la corrosión.
No se oxida y soporta bien la humedad permanente, aunque puede sufrir cierta dilatación con cambios importantes de temperatura. Por ese motivo es importante respetar las holguras previstas por el fabricante durante el montaje.
Combina una buena resistencia mecánica con un peso reducido.
Presenta una buena resistencia a la corrosión atmosférica y requiere poco mantenimiento. En zonas costeras conviene revisar periódicamente el estado del lacado para evitar el deterioro superficial provocado por el salitre.
Ofrece una elevada rigidez y soporta bien instalaciones de mayor longitud.
La protección de zinc evita la corrosión, pero si aparecen rayaduras profundas o golpes que dejen el acero al descubierto puede iniciarse la oxidación.
Se utilizan principalmente en cubiertas de cierta entidad o edificios donde también se busca un acabado estético determinado.
Son materiales muy duraderos cuando la instalación está correctamente ejecutada y las uniones mantienen su estanqueidad.
Una revisión eficaz no consiste únicamente en retirar hojas. Es importante comprobar el estado general de todos los componentes.
Las hojas, pequeñas ramas, semillas, tierra y musgo reducen la sección útil de la canaleta.
Cuando la acumulación aumenta, el agua pierde capacidad de evacuación y termina rebosando por el borde. Ese desbordamiento puede acabar mojando la fachada, deteriorando revestimientos o generando humedades en la base del edificio.
En viviendas situadas cerca de pinos también es frecuente encontrar agujas que forman auténticos tapones junto a las salidas de agua.
Las juntas deben permanecer limpias y correctamente asentadas.
Si aparecen grietas, desplazamientos o endurecimiento del material de sellado, aumenta el riesgo de fuga.
Las pequeñas pérdidas suelen dejar marcas oscuras, restos de suciedad adherida o manchas de humedad bajo la unión.
Toda canaleta necesita una pendiente suficiente para conducir el agua hacia la bajante.
Cuando aparecen zonas donde el agua permanece estancada varios días después de la lluvia, normalmente existe un problema de nivel o algún soporte se ha desplazado.
Además del riesgo de desbordamiento, el agua estancada acelera el envejecimiento de las juntas y favorece la aparición de suciedad y microorganismos.
Los soportes mantienen la forma y la alineación de la instalación.
Es importante comprobar que ninguno esté doblado, aflojado o separado de la cubierta.
Una fijación deficiente permite que la canaleta se deforme cuando soporta el peso del agua acumulada o de restos vegetales.
La bajante debe evacuar el agua con rapidez.
Si el agua tarda en desaparecer durante una prueba con manguera o rebosa por la parte superior, probablemente exista una obturación parcial.
Las obstrucciones suelen localizarse en los primeros codos, en la unión con el embudo o en la parte inferior donde conecta con el drenaje.
La limpieza debe realizarse con seguridad y utilizando herramientas que no dañen el material.
Lo habitual es retirar primero los residuos más voluminosos de forma manual o mediante una pequeña pala de plástico. Después se puede completar la limpieza con agua para comprobar que el recorrido queda completamente libre.
No es recomendable utilizar elementos metálicos puntiagudos que puedan rayar el PVC, el aluminio o el galvanizado.
Una vez eliminada la suciedad conviene hacer una prueba de circulación introduciendo agua desde el extremo más alejado de la bajante. De esta forma es posible detectar fugas, zonas de estancamiento o evacuaciones lentas.
Algunas averías aparecen de forma repetitiva en instalaciones domésticas.
Normalmente están relacionadas con juntas envejecidas, movimientos por dilatación o montajes incorrectos.
En muchos casos basta con sustituir la junta deteriorada o instalar nuevamente la pieza respetando la posición indicada por el fabricante.
Suelen deberse a acumulaciones de hojas o a bajantes parcialmente obturadas.
También pueden producirse cuando la sección de la canaleta resulta insuficiente para la superficie de cubierta que debe recoger.
El exceso de peso provocado por agua retenida, hielo o suciedad puede doblar la canaleta.
Si la deformación es importante, normalmente resulta más eficaz sustituir el tramo afectado que intentar recuperarlo.
En sistemas metálicos aparece cuando la protección superficial ha desaparecido o existen daños mecánicos.
Cuanto antes se repare la zona afectada, menor será el riesgo de perforación.
Uno de los aspectos menos visibles es también uno de los más importantes.
La pendiente habitual en instalaciones domésticas suele situarse aproximadamente entre 2 y 5 milímetros por metro lineal, aunque siempre deben respetarse las especificaciones del fabricante y las características de la instalación.
Una pendiente insuficiente favorece los encharcamientos.
Una pendiente excesiva puede afectar a la estética y dificultar el correcto alineado de la canaleta.
Cuando se sustituye un tramo conviene comprobar que mantiene la continuidad con el resto de la instalación y que el agua circula sin interrupciones.
En viviendas rodeadas de vegetación resulta recomendable instalar sistemas de protección.
Existen rejillas, mallas y protectores perforados que reducen considerablemente la entrada de hojas de gran tamaño.
Estos accesorios no eliminan totalmente el mantenimiento, pero disminuyen la frecuencia de limpieza y ayudan a mantener libre la entrada de las bajantes.
Es importante elegir modelos compatibles con el perfil de la canaleta para evitar desplazamientos o pérdidas de capacidad de evacuación.
Las canaletas permanecen expuestas durante todo el año a condiciones ambientales muy exigentes.
Los principales factores que afectan a su durabilidad son:
- Radiación solar continua.
- Heladas repetidas.
- Cambios bruscos de temperatura.
- Humedad permanente.
- Salitre en zonas costeras.
- Contaminación ambiental.
- Acumulación prolongada de suciedad.
Cuando varios de estos factores actúan simultáneamente, las juntas y los materiales plásticos suelen deteriorarse antes que los elementos estructurales.
La mejor forma de evitar averías importantes consiste en realizar pequeñas actuaciones de mantenimiento antes de que aparezcan los problemas.
Durante cada revisión conviene comprobar que las fijaciones permanecen firmes, retirar hojas y sedimentos, revisar las juntas visibles y verificar que el agua circula correctamente por las bajantes.
Si se detecta una fuga localizada, es preferible repararla cuanto antes. Una pequeña pérdida puede acabar deteriorando revestimientos, provocar humedades o afectar a elementos de madera próximos a la cubierta.
Cuando la instalación presenta deformaciones importantes, corrosión avanzada o numerosas reparaciones acumuladas, suele resultar más rentable sustituir los tramos deteriorados que continuar realizando reparaciones puntuales.
Mantener las canaletas en buen estado no requiere intervenciones complejas, pero sí una revisión periódica y cierta atención a los detalles. Una instalación limpia, con la pendiente adecuada, soportes firmes y juntas en buen estado evacúa el agua de forma segura y reduce el riesgo de daños en la vivienda.
Si tienes dudas sobre qué piezas sustituir, qué sellador utilizar o qué sistema de protección resulta más adecuado para tu instalación, en tu tienda OPTIMUS de confianza te ayudarán a elegir la solución que mejor se adapte a tu vivienda.
También puedes acercarte a la ferretería OPTIMUS más cercana y te asesorarán sobre los productos más adecuados para mantener tus canaletas en buen estado durante todo el año.
Un sistema de canaletas bien mantenido recoge el agua de lluvia, la conduce hasta las bajantes y evita que termine sobre la fachada, los aleros o la base de la vivienda.
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