Si alguna vez te has quedado parado frente a la estantería de nuestra ferretería, mirando precios y dudando entre llevarte "esa batería de cocina brillante" o dar el salto a "una olla a presión", no estás solo. Es la pregunta del millón que escuchamos cada semana: "¿De verdad me hace falta una olla exprés o me apaño con la olla de siempre?".
La respuesta corta es: depende de tu vida.
La respuesta larga (y la interesante) es que, aunque ambas calientan la comida, son dos "utiles" con tecnologías muy diferentes.
Hoy nos quitamos la bata de ingeniero y nos ponemos el delantal para explicarte por qué elegir una u otra va más allá de los gustos: es cuestión de tiempo, dinero y también de sabor.
Para elegir bien, hay que entender lo que ocurre dentro de ellas.
- La Olla Tradicional: Imagina que estás hirviendo agua. Por mucho fuego que le metas, el agua nunca pasará de 100 °C porque se evapora. Es como intentar llenar un cubo que tiene agujeros; la energía se escapa en forma de vapor. Es un método sencillo y efectivo, pero tiene un límite de velocidad.
- La Olla Exprés: Aquí es donde cambia la experiencia. Al cerrar la tapa herméticamente, impedimos que el vapor escape. ¿El resultado? La presión sube y obliga al agua a calentarse más, llegando hasta los 120 °C sin evaporarse. Esos 20 grados extra son el secreto: cocinan los alimentos a una velocidad mucho más rápida.
Vamos a lo práctico, a lo que te afecta en el día a día.
Esta es la diferencia más notable.
- En la exprés: Unas lentejas que en la olla normal te piden una hora de "chup-chup", aquí las tienes listas en 15 o 20 minutos. Es la salvación para los días de diario.
- En la normal: Aquí "mandas las prisas a paseo". Es ideal si tienes la tarde libre y disfrutas del proceso más lento.
Como ferreteros, siempre te diremos que tengas en cuenta la eficiencia. Usar la olla exprés reduce el consumo de gas o electricidad hasta un 70%. Piénsalo, tener el "fuego" encendido 20 minutos frente a 1 o 2 horas se nota, y mucho, en la factura a fin de mes. La olla rápida se acaba pagando sola con lo que ahorras en energía.
Hay quien dice que la comida rápida "sabe a poco". ¡Error!
- Vitaminas: Al cocinar tan rápido y con poca agua, las vitaminas no tienen tiempo de destruirse, casi ni se "lavan" en el caldo. Por lo tanto, comes más sano.
- Sabor: Como el vapor no se escapa, los aromas tampoco, estos se quedan atrapados dentro del guiso, potenciando el sabor de los ingredientes.
No hay una olla mejor que otra, solo hay una que "encaja" mejor contigo.
- Te encanta el ritual del Slow Cooking: levantar la tapa, probar, rectificar de sal, añadir una especia más...
- Preparas muchos arroces secos o necesitas reducir salsas lentamente para que espesen (la olla exprés no evapora, así que no reduce salsas).
La cocina es tu terapia de relax y no miras el reloj.
- Quieres comer bien (legumbres, guisos, carnes) pero tienes 30 minutos para cocinar entre el trabajo y el gimnasio.
- Te duele tirar el dinero en la factura de la luz.
- Quieres comida casera real y huir de los precocinados, pero te falta tiempo.
- Buscas versatilidad: las modernas sirven para todo; tanto para verduras delicadas como para carnes duras.
Olvídate de esas "historias de terrror" de las ollas de nuestras abuelas, siempre silbando como locomotoras a punto de estallar. Las ollas de hoy en día son muy seguras. Tienen hasta tres sistemas de seguridad. Antes de que pase nada malo, la olla "avisa" y libera presión sola. Son más seguras que un microondas...
El consejo de mantenimiento: Solo tienen un par de secretos, uno es la goma de la tapa . Es la clave, ya que con los años se endurece y pierde estanqueidad. Si ves que sale vapor por los lados es el momento de sustiruirla, pásate por la tienda a por un recambio (es barato y fácil de poner). El otro secreto es la limpieza de las válvulas, es muy importante limpiarlas bajo el grifo después de usarla para evitar que se queden obstruidas con algún resto del guiso, y revisarlas antes de cerrar la tapa cuando la vayas a usar.
Para que veas de lo que hablamos, aquí tienes cómo adaptar una receta clásica a la velocidad moderna.
Ingredientes básicos: Pollo, un sofrito (cebolla, pimiento, ajo), patatas "cascadas" y zanahoria.
1. El Dorado: Sin poner la tapa, dora el pollo en la olla con aceite fuerte. Que coja color. Saca y reserva.
2. El Sabor: En ese mismo aceite, pocha las verduras unos minutos.
3. A la olla: Mete todo dentro (pollo, verduras y patatas). Añade un poco de caldo (¡Ojo! En la exprés necesitará menos agua, solo hasta la mitad de los ingredientes, porque no se evapora).
4. La Cocción: Cierra la tapa. Fuego fuerte hasta que suba la válvula. En ese momento, baja el fuego al mínimo y cuenta 12 minutos.
Listo: Apaga, deja que pierda presión sola mientras pones la mesa y... ¡a comer un guiso de abuela en tiempo récord!
La olla exprés no viene a sustituir a tus cacerolas y ollas tradicionales, viene a ser su "mejor amiga". Si estás pensando en dar el paso o necesitas renovar la tuya, pásate por nuestras Ferreterías Optimus. Tenemos modelos para todos los tamaños de familia (de 4, 6 u 8 litros) y recambios para que puedas utlizarla durante mucho, mucho tiempo...
Si alguna vez te has quedado parado frente a la estantería de nuestra ferretería, mirando precios y dudando entre llevarte "esa batería de cocina brillante" o dar el salto a "una olla a presión", no estás solo.
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