El mantenimiento adecuado depende sobre todo del material: madera, metal, resina o mezclas, cada uno con su comportamiento y necesidades de limpieza y protección.
En espacios residenciales son frecuentes tres tipos:
- Muebles de madera (teca, acacia, eucalipto o pino tratado). La madera, incluso tratada, es un material poroso que intercambia humedad con el ambiente y que se pone gris con el sol si no se protege.
- Muebles metálicos (acero, aluminio, hierro con tratamiento). Los metales son sensibles a la oxidación si se dañan las capas de pintura que los protegen, o el galvanizado.
- Mobiliario de resina o fibras sintéticas. La resina y las fibras sintéticas no se pudren y toleran bien la intemperie, pero se degradan con el tiempo por acción de los rayos UV del sol, y tambien pueden rayarse o perder brillo.
Conocer el material "real" (no sólo el acabado) es esencial para emplear el producto adecuado: no se trata igual una mesa de teca aceitada que un conjunto de acero pintado al polvo, o una silla de resina inyectada.
Cada tipo de mueble requiere una limpieza específica:
- En muebles de resina, salvo indicación contraria del fabricante, la limpieza habitual se realiza con agua y jabón neutro aplicados con esponja o con un paño suave. Se desaconseja emplear estropajos abrasivos o cepillos demasiado duros, que pueden rayar y marcar el material. En el caso de manchas resistentes se recurre a limpiadores específicos para plásticos de jardín o restauradores que recuperan parte del color y el brillo.
- En madera, la limpieza se hace con agua y detergentes suaves, evitando el empapado prolongado y el uso de hidrolimpiadoras con alta presión, que levantan fibra y erosionan la superficie. Una vez seca, se valora si es necesario lijar ligeramente para eliminar asperezas antes de aplicar aceites, lasures o barnices según el sistema de protección elegido. Para maderas tropicales, se emplean aceites, para maderas naturales no tropicales y no tratadas especificamente para el extetior lasures o barnices.
- En muebles metálicos, la suciedad general se retira también con agua y jabón neutro. Es importante revisar zonas de impacto o rayado donde pueda haber saltado la capa de pintura o haberse deterioirado el galvanizado; estos puntos son los que conviene sanear y repintar con productos compatibles para evitar la progresión del óxido.
Cuando hablamos de mantener en buen estado los muebles y estructuras de exterior, la elección del sistema de protección es importante, ya que cada material reacciona de manera diferente a la humedad, el sol y otros factores ambientales. Aplicar productos adecuados además de preservar la apariencia también prolonga la vida útil del mobiliario y evita daños prematuros. A continuación, se detallan las principales formas de protección según el tipo de material: madera, metal y resinas o fibras sintética:
- La madera de exterior se mantiene estable con sistemas de protección que permiten cierto intercambio de humedad y protegen frente a radiación UV. Los aceites "de teca" son especificos para todo tipo de maderas "torpicales", al aplicarlos penetran y nutren la madera, reduciendo la absorción de agua y la aparición de grietas superficiales. Para maderas no tropicales, los lasures de poro abierto aportan color y protección contra los rayos UV del sol. Con mantenimiento periódico a base de un lijado suave y posterior aplicación del producto.
- En muebles metálicos, los recubrimientos en polvo (pintura al horno) ofrecen muy buena resistencia, pero cuando se dañan hay que intervenir con imprimaciones antioxidantes y pinturas compatibles, respetando siempre los tiempos de secado. En ambientes de costa, un repaso preventivo de zonas expuestas al salitre alarga la vida útil de la pieza.
- En resina y fibras sintéticas, los protectores específicos para plásticos de exterior ayudan a retrasar la pérdida de color y la aparición del aspecto mate, pero no sustituyen un almacenamiento correcto en épocas de no uso: siempre que sea posible, se recomienda resguardar el conjunto bajo techado o con fundas ventiladas.
El error más habitual con muebles de jardín es tratarlos como si fueran elementos permanentes "sin" estacionalidad: dejarlos todo el invierno a la intemperie sin protección ni limpieza previa.
- En madera, esto acelera que se pongan grises, la degradación de recubrimientos y aparación de grietas,
- En metal, aumenta la probabilidad de oxidación en las zonas dañadas.
- En resina, favorece la acumulación de suciedad y la pérdida del brillo.
Al final de la temporada de uso conviene realizar una limpieza a fondo, revisar tornillería y herrajes, comprobar estabilidad estructural y aplicar protectores si procede. A partir de ahí, lo ideal es guardarlos en lugar un cubierto o en su defecto, usar fundas de calidad que los ptrotegan de la intemperie, que permitan cierta ventilación y eviten condensaciones.
En tu ferreteria OPTIMUS habitual, te ayudaremos a identificar el material, y a partir de ahí, te recomendaremos el sistema de limpieza y protección más adecuado, ademas de proponerte una frecuencia de mantenimiento razonable. De esta manera, se alarga la vida útil de los muebles sin convertir su cuidado en una tarea complicada, combinando eficacia, seguridad y practicidad.
El mobiliario de jardín está a la intemperie: radiación UV, cambios de temperatura, humedad, lluvia y, en ocasiones, ambientes salinos.
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